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Una fotografía de un fuego, pero sin tira de asado ni entraña de res. Con esa imagen ilustró el Ministerio de Seguridad argentino la convocatoria de su concurso más polémico. "¿Querés presenciar una quema de drogas? Escribinos por mensaje privado", publicaba hace una semana, sin muchos más detalles, en sus cuentas de Instagram y Facebook. La mecha prendió de inmediato: enseguida comenzó a correr por las redes sociales y los populares grupos de WhatsApp la rocambolesca idea del Gobierno de Mauricio Macri.
Así se enteró el actor y humorista Santiago Korovsky. "Se viralizó enseguida, y les escribí en cuanto me enteré. Estoy trabajando en una serie sobre un policía que combate el narcotráfico y pensé que sería interesante venir a ver cómo era esto", explicaba este martes a EL MUNDO junto a varias decenas de personas, muchas del Gobierno o las fuerzas de seguridad, en una carpa remota de las afueras de Buenos Aires donde seis toneladas de cocaína, marihuana y ketamina esperaban a ser incineradas.
Korovsky, como otros críticos con Macri que acudieron por curiosidad, temía que no le eligieran porque en su Instagram hace mucha sátira de su gestión. Le pidieron su nombre completo, su número de DNI y un enlace a sus cuentas en redes sociales. Solo una vez confirmado que eran elegidos, el equipo de comunicación del ministerio les indicaba la dirección exacta: la Planta de Tratamiento Integral de Residuos Aeroportuarios "Draconis", ubicada en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, a menos de una hora de la capital.
Las 25 personas seleccionadas para cada quema no solo pueden asistir a la incineración, sino que están invitadas a lanzar "panes" o "ladrillos" de marihuana y cocaína con la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, al interior de un horno igual al de la convocatoria por redes. Los agentes les ponían guantes amarillos y unas mascarillas blancas que en pocos minutos se hicieron necesarias para todos los presentes: el humo de la quema de estas drogas es muy tóxico.
"Se nos ocurrió la iniciativa a partir de una pregunta que nos hace mucho la gente, en distintos medios, en las redes, nos dicen ¿qué hacen con la droga, con tanta droga que se secuestra?", explica Bullrich a EL MUNDO, después de incinerar varios paquetes de droga con los ciudadanos escogidos. "Los cupos son limitados por cuestiones de seguridad, en cada quema vienen unas 20 o 25 personas. Sabemos que es algo simbólico, pero son miles los que se anotan en las redes y miles los que se enteran", celebra. La ministra, una de las figuras más controvertidas del Gabinete Macri, es consciente de que su iniciativa se ha convertido en una mofa nacional, pero no le molesta. "Sé que unos se ríen, pero lo importante es que genera una conversación", apunta.
A algunos participantes no les gusta que se tome a chiste una propuesta relacionada con el narcotráfico. Andrea Fernández vive en una ciudad muy castigada por la droga, El Pilar, en la provincia de Buenos Aires. "He luchado mucho contra esta lacra y nunca vine a un lugar como este. Es muy importante que la gente vea lo que se hace, porque uno a través de los medios no logra ver la masividad de la droga que se secuestra. Tener esta posibilidad es muy lindo", cuenta, mientras varios funcionarios del Gobierno comienza a pedir que se desaloje la carpa para evitar intoxicaciones.
Antes de abandonar el remoto descampado verde de la quema, hay un chequeo obligatorio. No es médico, sino de mochilas. Las fuerzas de seguridad, fuertemente armadas, quieren asegurarse de que nadie se lleva a casa un "pan" de estupefacientes. Mientras espera, el periodista Diego Geddes, del digital A24.com, comenta en voz alta: "no sé si nosotros nos estamos riendo de ellos o ellos de nosotros".
Para Juan Elmen, reportero independiente, el evento es "puro espectáculo". El equipo de comunicación del ministerio subió de inmediato todo tipo de imágenes potentes a sus redes sociales: montañas de sacos de droga custodiadas por militares armados hasta los dientes y con el rostro cubierto; la ministra en tacones y vestido de lunares lanzando al fuego kilos de estupefacientes y aplaudiendo a los ciudadanos que la imitaban, algunos convencidos de estar viviendo algo importante. Otros, disfrutando simplemente del surrealismo.
Fuente: Elmundo
Ing en sistemas, Programador Web, Analista de Sistema, Comunicador y amante del conocimiento
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